UN SINDICATO PARA EL SIGLO XXI

Por Carmen Guaita, vicepresidenta nacional de ANPE.

La opinión pública ha empezado a poner en duda el papel que juegan los sindicatos en la democracia.

Este descrédito tiene un origen claro: la actitud de los sindicatos que practican una descarada simbiosis con la política y se olvidan de representar los intereses de los trabajadores para asumir como propios los del gobierno o la oposición. Las consecuencias de esta politización son muy graves. Los sindicatos no son una base de entrenamiento para la política sino un contrapeso para el poder, y un instrumento de solidaridad y ayuda para un colectivo concreto. La representatividad de los trabajadores es una conquista irrenunciable, por eso el descrédito sindical daña a la propia democracia.

Ha llegado el momento de distinguir entre los sindicatos que hacen política y los que, como ANPE, nos esforzamos para consolidar el sindicalismo profesional del siglo XXI.

Para empezar, es importante subrayar la independencia de ANPE. Somos verdaderamente independientes, es decir sin adscripción alguna, y respetuosos con las opciones políticas o ideológicas de nuestros afiliados como ciudadanos individuales. ANPE, que se financia con las cuotas de su afiliación, no sustenta ni derriba gobiernos sino que se emplea afondo en exigirles que desarrollen mejoras para la educación y el profesorado.

Somos además un sindicato profesional, es decir, ocupado en defender los intereses de un único colectivo, el docente, del que formamos parte. ANPE hace, en representación del profesorado, lo que éste no puede hacer: aparecer en la prensa y la televisión presentando la realidad de la docencia, aportar puntos de vista profesionales a los debates sociales sobre educación, trasladar la voz de los docentes a los ámbitos de la administración. El trabajo de ANPE mueve realidades como la idea de autoridad pública del docente, el Defensor del Profesor o la necesidad de un cambio de modelo y estructura en el sistema educativo, y presta servicios efectivos a los profesores.

En ANPE creemos que un sindicato del siglo XXI debe:

Analizar e interpretar la realidad del colectivo al que defiende, dando respuesta a sus problemas, demandas o necesidades, y organizando servicios para su bienestar. Para esto es imprescindible estar especializado, ser sectorial, no tener que superponer intereses contrapuestos.

Posibilitar y canalizar la participación de los profesores de manera que se escuche su voz cuando se trate de educación. Únicamente un sindicato representativo puede originar un proceso constructivo desde el ámbito privado e individual a la acción pública y social, por eso su trabajo es siempre más efectivo que el de cualquier asociación. Sin embargo, el ámbito educativo es muy complejo, tiene reglas y características determinadas que es imprescindible tener en cuenta. Como sabemos en qué medio se desenvuelve a diario un profesor- porque nosotros lo somos-, en ANPE hablamos de las condiciones laborales y retributivas, pero también de la mejora del sistema educativo, del fracaso escolar, de la conflictividad en los centros o de la formación y el acceso a la docencia.

Aglutinar y crear estados de opinión en la sociedad sobre los temas que afectan al colectivo que representamos, promoviendo las condiciones necesarias para difundir sus opciones, e impulsando que la sociedad las tenga en cuenta. En ANPE estamos orgullosos de nuestra contribución a los debates sociales sobre la convivencia escolar, sobre la necesidad de un pacto por la educación, sobre el cambio hacia parámetros de mayor rigor y esfuerzo o sobre la consideración de la autoridad y el reconocimiento social de los docentes.

Ejercer una función prospectiva, descubrir y evidenciar nuevas necesidades o problemas de los docentes y despertar una preocupación en los estamentos oficiales por esos temas. Así lo hemos hecho en asuntos como el pacto por la formación profesional, la autonomía de los centros educativos, la flexibilidad en la enseñanza secundaria, las enseñanzas artísticas superiores, la elección de jornada escolar o nuestra incansable exigencia de un Estatuto Docente.

En el siglo XXI hay que mirar cada porción de la realidad en primer plano, muy de cerca. Se acabaron los estereotipos. Ni vale decir los políticos son corruptos –así en general– , ni los liberados sindicales son parásitos. No somos todos iguales. La gente que hace bien su trabajo, con seriedad y dedicación, lo hace bien, sean políticos, periodistas o liberados sindicales. ANPE, que representa sólo a los profesores de la enseñanza pública, hace bien su trabajo.

 

http://carmenguaita-saladeprofesores.blogspot.com

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